Caballero andante por las frías calles. Sin rocín, ni flaco ni galgo; sin lanza en astillero, manos desnudas. No se portan armas ya; se dicen, sin más. Crees en molinos cuando son gigantes, en
gigantes cuando son batanes. Quemaron los libros, ardieron las ideas... ¿o viceversa? Sin Sancho que te escolte ni te guíe; sin Dulcinea a la que encomendarte, por la que pelear, con la que soñar; sin Toboso al que acudir. Ingenioso, te dicen. Hijodalgo, te nombran. Mentiras todas. Creíste en la nobleza esperando recompensa; y nadie confía ahora en la nobleza... de las personas. Caballero andante, que no es mala ventura, después de todo; errante, que sí es desdicha. Buscando tu Barataria hasta el final. No te angusties si no la hallas, pues pronto toparás con el Caballero de la Blanca Luna, el cual te arrojará molido a la realidad. Aguarda a que se levante la celada y escudriña su rostro. Lo reconocerás cuando veas su Triste Figura, que es la tuya. No te ofusques, pese a ello, no turbes más tu razón y comprende. Que no es ni fueron tiempos de quijotes. Novelas de caballeros andantes del siglo XXI.
martes 10 de noviembre de 2009
Caballero andante
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2 comentarios:
Se te adivina decaído. Por si te sirve, todos hemos sido quijotes muchas veces. Y también sanchos.
Un abrazo,
Rigoletto
¿ Cuántos caballeros deambulan ante la Luna tardía ? Pocos, muy pocos.
Todos tenemos un poco de Quijotes y un casi nada de Sancho.
Vivimos al filo de una cordura inexistente.
Sobrevivimos entre un delirio permanente.
Nuestras ideas, se ofuscan ante los egoísmos. Propios y ajenos.
Salud y abrazos. Toni Sagrel.
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