lunes 19 de septiembre de 2011

Corta evolución humana

En el principio, saltándonos el Génesis y un par de años sucesivos, el hombre era esclavo y vivía subyugado bajo la tiranía de los amos. Se liberó de las cadenas y se ató a un arado para ser un miserable siervo, pagando diezmos a señores, también a doctos magistrados, que siempre los hubo in nomine patris. La luz del progreso ilustró la época posterior y cambiamos "Dios y Fueros", por "Libertad, Igualdad y Fraternidad", que sonaba mejor al calor de antorchas y horcas. Fuimos ciudadanos, al compás de notables y despóticos ilustrados, sirviendo a nuestra patria (o tal vez la suya), precepto constitucionalmente adoptado. Y sin terminar de alumbrar un nuevo futuro en este totum revolutum, la Revolución, la industrial, parió proletarios explotados a la sombra del burgués, sombrero de copa, monóculo, puro en una mano, copa al envés; "Socialismo o muerte", gritaron los otros revolucionarios. Y queriendo salir de ese atolladero, malhadado sueño, fuimos caminando directos hacia nuestra verdadera libertad: un centro comercial, Estado del Bienestar. Nos convertirnos en consumidores, ajenos al hollín y al negotĭum, cisnes blancos lejos del viejo pato feo (puro cuento), para ser esclavos del dinero. Villa, reino, patria, Estado... mercado, tales son nuestro derroteros. Y en síntesis, así es la corta evolución humana.

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