Hablando de los pobres, de las diferencias sociales, de lo deshumanizada que anda la humanidad.
Luego alabamos nuestro sistema de bienestar, Estado total, como el mejor posible, la panacea, el summum del progreso. Y mientras tanto, ignoramos que nosotros somos la privilegiada minoría de la mil millonaria población mundial, que somos la excepción de esta nefasta y cruel regla. Que nuestro bienestar se debe al malestar del resto.
Recordamos entonces otra vez a los pobres, las diferencias y la deshumanidad cotidiana, y en un solidario arrebato, mordaza de conciencias, tenemos un gesto de caridad.
No vale la caridad cuando lo que el hombre necesita es justicia social. En nuestra calle, en nuestro barrio, allende las fronteras. Revolución. Humana, moral, espiritual, luego material. Despertar.

Salud y libertad.
Todos necezsitamos un despertador de humanidad.
ResponderSuprimirEs un placer leerte.
Alba
necesitamos*
ResponderSuprimirEl placer es leeros a los que os dejáis caer por el Cuaderno.
ResponderSuprimirEs hora de ir poniendo el reloj en hora...
¿ Cómo seremos capaz de despertar, si no somos capaces de saludar a nuestros vecinos, nos hacemos los despistados cuando nos cruzamos con alguien conocido, nos escondemos de familiares y/o amigos incómodos, agachamos la cabeza cuando alguien se dirige a nosotros (sobre todo, si es para decir que no tiene trabajo ni nada que llevarse a la boca) ?
ResponderSuprimirIncluso, a veces, bastantes veces, nos encondemos de nosotros mismos.
¿ Llegará ese día en que dejemos las palabras encerradas, y saquemos los HECHOS del saco que nos refugia ?
Un saludo cordial.
Amigo Toni:
ResponderSuprimirQué alegría verte por estos lares. De verdad que me alegro muchísimo de contar con tus comentarios. Por fin he vuelto, espero que ahora con mayor asiduidad.
Respecto a tu comentario, algo similar a esa primera pregunta que formulas he querido decir con estas palabras: " En nuestra calle, en nuestro barrio [...]".
Por supuesto que la auténtica revolución comienza en nuestra casa, "cambiándonos" a nosotros mismos (no escondernos de nosotros mismos, como bien dices). La chispa que prenda la "revolución" a la que aquí aludo comienza (o debiera comenzar) en el individuo, en uno mismo, y de ahí pasar a la colectividad. Precisamente, por eso mismo que apuntas, esta transformación supone una auténtica revolución. Amor al prójimo, al próximo, como primeros pasos.
Pasar de los hechos a la acción... algún día tendrá que llegar ese día, tendrá que ser así, o al menos eso quiero creer. Mientras tanto, cada uno habremos de proponernos iniciar nuestra personal e íntima revolución, que a buen seguro tendrá su reflejo exterior y, por qué no, sus imitadores. Ése es el camino, pienso.
Nos seguimos leyendo. Un placer.
Un cordial saludo
Amigo Alberto:
ResponderSuprimirYo también me alegro mucho de saber de ti, y de saber que vas y caminas con esa fuerza que te caracteriza.
Necesitamos un cambio, radical y sobre todo, profundo. Tanto de ideas como de valores y contenidos. Esta sociedad no se parece en nada a aquella que yo conocí con tu edad. Ahora, las ilusiones intentan torpedearlas con descalificaciones, silencios y derrotismo. Creo que, ha llegado el momento de que todos nos impliquemos (cada uno dentro de sus posibilidades) y levantemos las vergüenzas (desvergüenzas) y necedades que se han impuesto desde la política, (principalmente) en estos años de derroche, ineptitudes, miserias y deslealtades (traiciones, sería la palabra correcta).
Eso sí, empecemos nosotros por mirarnos los unos a los otros. Yo estoy dispuesto.
Un abrazo.
P.D.: te envié una solicitud de amistad desde mi facebook hace un par de meses.
Sabia reflexión, compañero. Como siempre, en tu magistral línea.
ResponderSuprimirUn abrazo
PD: Pues la verdad es que no recuerdo haber visto dicha solicitud; se me pasaría por completo... Si lo tienes a bien y no es mucha molestia, vuelve a enviármela para que te acepte (te he buscado, pero en vano :S)