La Educación (con mayúscula siempre) se sitúa en el punto de mira. "No es competitiva, no ayuda a incrementar la productividad, es onerosa, es un dispendio insostenible, es infructuosa: hay que reformar el sistema educativo". Eso dicen.
Buceando por textos antiguos que nunca mueren, en antologías (1) del ayer seleccionadas para el mañana, encontré varias reflexiones acerca de la Educación que me parecieron muy interesantes para enjuiciar este negro presente que acucia y ataca sin tregua al principal pilar de la sociedad. Ante una Educación asediada por aquellos que la quieren plantear como un elemento más, pieza esencial no obstante, del alienante engranaje productivo, considero que hemos de pensar, en primer lugar, sobre qué papel cumple la Educación en nuestra sociedad, y, en segundo, sobre el "deber ser" educativo, del fin primero y último de la Educación como estadio vital de la formación humana.
"Los gobernantes se han cuidado siempre de dirigir la educación del pueblo y saben mejor que nadie que su poder está casi totalmente basado en la escuela, y por eso la monopolizan cada vez con mayor empeño. Pasó el tiempo en que los gobernantes se oponían a la difusión de la instrucción y procuraban restringir la educación en las masas. Esa táctica les era antes posible porque la vida económica de las naciones permitía la ignorancia popular, esa ignorancia que facilitaba la dominación. Pero las circunstancias han cambiado: los progresos de la ciencia y los multiplicados descubrimientos han revolucionado las condiciones del trabajo y de la producción; ya no es posible que el pueblo permanezca ignorante; se le necesita instruido para que la situación económica de un país se conserve y progrese contra la concurrencia universal. Así reconocido, los gobernantes han querido una organización cada vez más completa de la escuela, no porque esperen por la educación la renovación de la sociedad, sino porque necesitan individuos obreros, instrumentos de trabajo más perfeccionados para que fructifiquen las empresas industriales y los capitales a ellas dedicados. Y se ha visto a los gobiernos más reaccionarios seguir ese movimiento; han comprendido perfectamente que la táctica antigua era peligrosa para la vida económica de las naciones y que había que adaptar la educación popular a las nuevas necesidades. [...]
Del mismo modo que han sabido arreglarse cuando se ha presentado la necesidad de la instrucción para que esta instrucción no se convirtiese en un peligro, así también sabrán reorganizar la escuela de conformidad con los nuevos datos de la ciencia para que nada pueda amenazar su supremacía".
Francesc Ferrer i Guàrdia (2)
Precisamente porque la Educación es el pilar esencial de la sociedad, el sistema educativo se erige como soporte maestro de la estructura económica, política y social que hoy se pone en tela de juicio, la cual, pese a ello, parece salir reforzada de esta catarsis colectiva. Una catarsis que ha ahondado en lo más profundo de nuestro ser social e individual y, sin embargo, más bien parece una huida hacia adelante. Se aleja cualquier intento de reflexión acerca del mundo que estamos construyendo, mucho más cualquier atisbo de revisión radical; tal vez lo uno llevara a lo otro y conviene no hilvanar según qué ideas.
Si nuestro propósito es transformar la Educación dada la misión que desempeña el sistema educativo, hemos de reivindicar otra Educación, atendiendo sin duda a su esencia teleológica, que bien pudiera describirse con las siguientes palabras:
"[...] El fin último de la educación debe consistir en formar hombres libres y llenos de respeto y de amor por la libertad de los demás"
Mijaíl Bakunin (3)
Si deseamos enseñar y aprender en libertad, con libertad y para la libertad, bajo valores humanistas y ajenos a programas productivistas, el pensamiento libertario puede aportarnos algo de luz para comenzar a pensar.
Salud y libertad.
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(1) TAIBO, C., Libertari@s. Antología de anarquistas y afines para uso de las generaciones jóvenes, Los libros del lince, Madrid, 2010.
(2) FERRER I GUÁRDIA, F., La escuela moderna, Zero, Bilbao, 1976, en TAIBO C., op. cit., págs. 188-189.
(3) TAIBO, C., op. cit., pág. 188
Con citas y todo :p
ResponderSuprimirLa Educación es desde luego uno de los pilares del progreso de las naciones. No se trata sólo de conocimiento, sino también de valores (como señala Bakunin).
El mundo en el que vivimos hoy, el mundo de la inmediatez, del botón, del Twitter no tiene la paciencia suficiente para madurar una educación que no se culmina sino al final de una vida, pero donde lo aprendido en las primeras etapas determinará el resto del camino.
Creamos ahora mismo autómatas. Reparadores, técnicos, sumisos. La reflexión es casi un sacrilegio, salirse del patrón una osadía.
Sólo hay que mirar el ámbito universitario, supuesto faro de la sociedad. Sólo hay que mirar a la institución para darse cuenta de que algo no funciona...
Por cierto, gran reflexión. Ansioso de leer la próxima.
ResponderSuprimirMuchas gracias por tus palabras, Gonzalo. Se va haciendo lo que buenamente se va pudiendo.
ResponderSuprimirDe tu comentario me quedo, sin duda, con esto: "Creamos ahora mismo autómatas. Reparadores, técnicos, sumisos. La reflexión es casi un sacrilegio, salirse del patrón una osadía". Sabes que comparto plenamente esa reflexión.
Un abrazo